Un nuevo estudio comparativo de genes caninos argumenta que el secreto detrás del comportamiento de estos animales está en su alimentación.
Los hallazgos en la investigación sustentan la teoría de que el proceso de domesticación se originó a partir de aquellos lobos capaces de robar y digerir los desechos de los primeros agricultores. Las sobras de los asentamientos primerizos de nuestros ancestros representaron una nueva fuente de alimentación que, con el paso del tiempo, provocó que el perro viviera permanentemente cerca del hombre. En otras palabras, la evolución del perro está íntimamente ligada a su consumo de nuestra basura.